jueves, 23 de julio de 2009

Escena VI: Historias

La puerta sonó varias veces antes de que la mujer de luto, aún colocándose correctamente el moño, la abriera. Al principio se sorprendió gratamente de la visita, el mismo hombre que esa misma mañana había hablado y escuchado al espíritu de su hijo asesinado, pero pronto recordó que su marido e hijo mayor habían partido el día anterior y temió que este Viajero tuviera dos espíritus más con los que hablar. Él dijo rápidamente:
-Perdone que venga a estas horas, señora, pero tengo motivos para creer que el asesino de su hijo mató a aquel grupo en busca de algo que él tenía, y que ustedes tienen - sin mediar palabra, la mujer le dejó entrar en su casa y cerró la puerta tras él - Gracias. Ahora, dígame qué sabe de esto - mostró un par de "pétalos" dorados -
-E... Eso son reliquias de familia, de mi suegro, ¿sabe? No tiene sentido que alguien asesine por conseguir esto. No tienen ningún valor.
-¿Su suegro? ¿Quién era su suegro?
-Un buen hombre. Muy trabajador y muy bueno con los suyos. Siempre les andaba contándoles a mis hermanos historias de magos y pócimas secretas, aunque ellos se lo tomaron demasiado en serio... Recuerdo que nos decía que estos pétalos eran muy escasos y útiles para los "alquimistas", qué le parece a usted. Decía que él había viajado hasta los confines del mundo para cogerlas. ¡Já! Nunca en su vida salió del pueblo. De todos modos, de niña les cogí mucho cariño a estos pétalos y desde que me casé con mi marido los usamos como amuleto.
-Amuletos... ¿Y su marido y su hijo los llevan en este viaje?
-Sí, supongo que sí. Toda la familia lleva uno encima. Pero oiga, yo no puedo decirle más de mi suegro sin el consentimiento de mi marido. Está mal visto. Vuelva mañana, le invito a comer con nosotros. Él ya estará aquí.
-Acepto con gusto su oferta. Sólo una cosa más: ¿Cómo se llamaba su suegro?
-Begim, su nombre era Begim Vale. ¿Por qué lo pregunta?
-Lo confundí con otra persona, supongo. Perdone.
El Viajero no se esperaba lo que había oído. Se despidió de la mujer y volvió a 'La vaca que llora' para descansar. Sabía que tal vez padre e hijo no volvieran, pero no saldría a buscarles teniendo aún otra familia que visitar. Sabía también que habiendo un asesino profesional de por medio no era muy seguro meter las narices, pero lo que había escuchado... Oh, lo que había escuchado avivaría tanto la curiosidad de cualquiera que hubiera leído algún libro de alquimia...

lunes, 20 de julio de 2009

Escena V: Alquimia

El viajero asió la bolsa de monedas de su cinto y extrajo de ella un par de monedas, se acercó al posadero, que observaba dubitativo y perplejo tan extraña pieza, intercambiando los pétalos por sus monedas:
-Disculpe mi osadía, pero no era mi intención, esta pieza carece de valor alguno, acepte estas monedas, no volverá a suceder.
-No hay problema, es normal con tanto trabajo y tantas familias que atender, un fallo es natural.
Había colado semejante bulo, dio las gracias a la ignorancia y se dirijo a la salida de la posada, alzó la vista pensativo y partió con apremio, sabía que la tercera familia corría un grave peligro, ahora alcanzaba a entender porque la noche anterior partieron hijo y padre.

Escena IV: Interludio

A la vez que saltaba para esquivar la segunda saeta, gesticuló algo en el aire y de sus dedos brotó humo que tomó forma de una monstruosa cara, de unas temibles fauces que atravesaron a los dos tiradores como si nunca hubieran estado allí. Sus cuerpos cayeron al suelo desprovistos ya de todo resto de vida mientras la fumacenta cara parecía relamerse y deshacerse en el aire. Los cinco bandidos restantes no pararon a fijarse en la perfección estética de aquel hombre de cabello cenizo con el humo que creaba y los destellos que su maltrecho estoque producía al chocar con los de ellos, tan sólo podían comenzar a lamentarse de haber elegido un mal objetivo, pero lo habían elegido y acabarían su tarea.
Se colocaron en esa formación tantas veces ensayada e iniciaron su "Baile de aceros", una mortal danza bajo la que cualquier contrincante hallaría su fin. Una lástima que El Viajero no fuera cualquier contrincante. Saltó, ágil, por un hueco entre las espadas que nadie hubiera visto, con un rapidísimo giro de muñeca arrancó uno de los estoques de la mano que lo sostenía y por ese espacio desprotegido coló su otra mano y chocó las dos piedras que llevaba en el guante.
Cuando se disipó la humareda producida por la explosión resultante sólo quedaba una figura en pie, la del Viajero Onírico.

En ese momento, desde la profundidad del bosque, se oyó una voz familiar, de mujer:
- Levanta de una vez, joder, tu padre te está esperando fuera. ¡Venga, arriba!
El joven con ojos aún entrecerrados y legañosos obedeció, y al mirarse al espejo mientras se aseaba, se juró ser algún día un auténtico héroe como aquel Viajero que había conseguido hablar con su hermano mayor muerto, y darle su merecido al asesino.

domingo, 19 de julio de 2009

Escena III: La flor

El asesino sacó un paño blanco de su gabán, escupió sobre la hoja de su espada y frotó hasta que no quedara una sola mancha de sangre. Luego deshizo su camino, viendo de nuevo a todos y cada uno de los que cayeron bajo su filo. En el cuerpo, en la solapa, del segundo muerto destelló algo. El matador se acercó -era un pétalo de oro-, lo cogió y siguió caminado.
«Tulipán».

* * * * *

El Viajero salió de la casucha. Era ya la cuarta que visitaba, la mitad de las familias habían caído en su engaño. Los afectados eran tan receptivos a dichos engaños que les podría haber dicho «La última voluntad de su hijo es que den tres vueltas al pueblo a pata coja» sin riesgo de que iniciaron alguna pesquisa contra su persona.
-Cuatro familias es más que suficiente por hoy -se dijo al salir del hogar-. Iré a descansar para mañana y contaré esto -refiriéndose al saco donde guardaba todos los pagos-.
Una vez es su posada, "La vaca que llora", pidió carne y cerveza. Siempre que hacía bien un trabajo pedía carne, chuletas de ternera, y la cerveza... esa era el agua de el Viajero. Cuando el posadero le sirvió la comida, el Viajero se sentía generoso y le dio un par de monedas de propina. Abrió el saquito que le habían dado en la tercera casa y pagó al posadero. Éste las recibió con agrado, luego arqueó una ceja y dijo:
-Disculpe, señor. Pero esto no es una moneda, más bien parece un... un pétalo.

viernes, 17 de julio de 2009

Pánico

La noche caía pesada sobre la ciudad. El caminante paseaba tranquilo y con la conciencia limpia. Y eso era lo que le repugnaba de ese hombre, del caminante. Asesino en serie, había matado a tres mujeres y dos niñas, con previa violación. Un autentico monstruo con el que las abuelas asustarían a sus nietos y nietas. Un autentico monstruo con el que la ciudad podría sentir el pánico de nuevo. Y precisamente el Pánico era quien iba a librar a la ciudad de la presión de semejante figura como era este hombre.
No parecía demasiado peligroso. Era un hombre de mediana edad, más bien rechoncho y con muy poco pelo. Sus sucios ropajes y su falta de higiene desvelaban su despreocupación por su apariencia. Más parecía un vagabundo que un hombre de la clase media.
Pánico se ajustó su máscara y se calzó sus garras en sus puños. La Muerte se cobraría una vida esta noche. Descendió desde su escondite con una gracia suprema, pero con la pésima suerte de partirse la cabeza al tocar suelo.
Las noticias del día siguiente dictaban: “Y un nuevo enmascarado muere creyéndose un superhéroe que ajusticia a los villanos. Desde este informativo queremos pedirle a la ciudadanía que dejen el trabajo de la policía a la policía. Y por favor, no os tiréis desde ocho pisos de altura, que la vida real no es un juego.”

jueves, 16 de julio de 2009

Sí nena

Dos escenas, todo un mérito. Puesto que esto ya va viento en pompa vamos a establecer normas y turnos.
  1. Como título de la entrada poned 'Escena X', dónde X es el número que la corresponda. Si queréis podéis poner un título adicional a la entrada.
  2. Para que quede todo en armonía escribid en Times y tamaño Normal; con el texto justificado y un espacio al final para que se distinga del autor y la hora de la publicación.
  3. Para hacer aclaraciones o preguntas, comentad en la entrada que plantea la duda, así el que cree un problema da pie e ideas a resolverlo.
Los turnos, bueno que cuando uno quiera escribir que lo diga para que no coincidan varios. Y a ser posible que no escriba dos veces el mismo, sobre la misma historia, claro.

Escena II: El Viajero onírico

Se oía de fondo el llanto de una mujer. Era la madre de dos de los asesinados. Lloraba desconsolada, y se partía la garganta a gritos en el entierro de sus hijos. Su marido, aun también llorando, intentaba consolarla. Y se podía apreciar la mirada encendida del hermano menor, que anhelaba la venganza de sus hermanos. También él estaba allí, y tras las fúnebres palabras del sacerdote, se acercó a la familia. "Veo que tenéis un problema." Dijo con su voz, que se encontraba en un tono intermedio, ni muy grave ni muy agudo. "La solución a vuestros problemas puede resolverse. Solo necesito pasar una noche con vos." La respuesta de la familia no fue excesivamente agradable, siendo lo que mejor sonaba un insulto en un derivado de la lengua del norte. Le dijeron algo así como "perro come mierda", pero con un acento más gutural. Por suerte o por desgracia, él estaba versado en las diferentes lenguas derivadas del común, y esa no era una excepción. Su contestación, traducida al común para el entendimiento global, fue algo así como: "Mi fama me precede desde las lejanas tierras del sur hasta las gélidas montañas norteñas. El Viajero Onírico me llaman, y los sueños son mi especialidad. Al ser el sueño una ilusión de la muerte, también el mundo espiritual es mi dominio. Pero si vuesas mercedes no premian de mis servicios, debo retirarme y continuar mi periplo." Las palabras Viajero Onírico despertaron el interes del hermano menor, pues se sabía que había hablado más de una vez con los muertos. En su joven mente cabía la posibilidad de que ese desconocido hablase con sus hermanos y que estos le revelaran la identidad del asesino, así que rogó sus servicios. El Viajero pasó la noche con la familia.
Esa noche, y delante de toda la familia, el Viajero comenzó su ritual. De una pequeña bolsa que llevaba, sacó un polvo fino, con el que dibujó un circulo en el suelo. Después de dibujarlo, pintó unas runas con el mismo polvo, dejando un pequeño pentágono en el centro. Ocupó su sitio en el centro del pentágono y, de un golpe al suelo, todo el dibujo comenzó a arder. Sus ojos se tornaron blancos, y quedó inmovil en una posición erecta. Después de que el fuego se apagase, el Viajero se desplomó. La madre de los asesinados se apresuró en traerle agua, y una vez el Viajero estuvo listo para emitir su mensaje, comunicó lo siguiente: "He visto directamente la cara del asesino. Es un hombre robusto y muy grande, el cual casi no puede correr. Vuestros familiares le plantaron cara valientemente, pero el cobarde asesino los ajustició por la espalda, con una especie de finta. Tiene dos cicatrices en la mejilla derecha, y es de tez morena. Eso es todo lo que puedo deciros."
La familia, entusiasmada por tan reveladora visión, pagó al Viajero Onírico con diez monedas de plata. Este se despidió cortésmente y se adentró en la profundidad de la noche.
Mientras caminaba por la calle, pensaba alegremente: "¡Cuán ingenua puede llegar a ser la gente! Ahora solo tengo que visitar a las familias de los otros cinco asesinados y montar el mismo número. La vida es demasiado facil."

miércoles, 15 de julio de 2009

Escena I: El buscador



Los hombres corrían al límite de sus fuerzas. Una línea argéntea resplandeció a la luz de las lunas, la cabeza de uno de los huidizos giró en el aire, su cuerpo se desplomó en el follaje. De los siete varones que emprendieron la carrera ya sólo quedaban cuatro.
El sonido del metal arañando la carne se convertía en una tortura para el grupo. No tenían ni idea de cómo les había logrado rastrear, pero les estaba cazando, de eso sí tenían idea. Sólo rezaban por una cosa, que ocurriese un milagro que les salvase la vida; y para ello necesitan como mínimo ser el último en perder la cabeza.
Dos nuevos destellos, dos cortes, dos muertos.
Del par de supervivientes uno tropezó y cayó al suelo, el acero cruzó su pecho. El perseguidor apretó el paso y alcanzó al último, con un golpe premeditado cercenó su oreja izquierda. El hombre cayó o se tiró, cubriéndose el oído con la mano. Alzó la mirada y vio a un hombre ataviado con un gabán de cuero negro y un sombrero de ala ancha decorado con una pluma roja que ensombrecía su rostro, en la mano una espada ensangrentada.
-Por favor, no me matéis -suplicó el hombre, llorando como un crío-.
-¿Dónde está? -rugió el perseguidor-.
-No lo sé... Os lo prometo.
El matador suspiró profundamente.
-Sé un hombre y afronta la muerte como tal.
El apresado contoneó la cabeza, negando, con los ojos desorbitados.
La línea del yerro brilló una vez más.

Esto...

Entre otro millón de ideas que emanan de nuestra testa cada vez que una campana da la hora, venimos con esta. Crear historias interactivas, sin conciencia de que pondrá el siguiente ni de que sorpresa o giro sufrirá la trama. Esperamos que dure mucho, o al menos que siga hacia delante el tiempo suficiente cómo para disfrutar del proyecto.