jueves, 16 de julio de 2009

Escena II: El Viajero onírico

Se oía de fondo el llanto de una mujer. Era la madre de dos de los asesinados. Lloraba desconsolada, y se partía la garganta a gritos en el entierro de sus hijos. Su marido, aun también llorando, intentaba consolarla. Y se podía apreciar la mirada encendida del hermano menor, que anhelaba la venganza de sus hermanos. También él estaba allí, y tras las fúnebres palabras del sacerdote, se acercó a la familia. "Veo que tenéis un problema." Dijo con su voz, que se encontraba en un tono intermedio, ni muy grave ni muy agudo. "La solución a vuestros problemas puede resolverse. Solo necesito pasar una noche con vos." La respuesta de la familia no fue excesivamente agradable, siendo lo que mejor sonaba un insulto en un derivado de la lengua del norte. Le dijeron algo así como "perro come mierda", pero con un acento más gutural. Por suerte o por desgracia, él estaba versado en las diferentes lenguas derivadas del común, y esa no era una excepción. Su contestación, traducida al común para el entendimiento global, fue algo así como: "Mi fama me precede desde las lejanas tierras del sur hasta las gélidas montañas norteñas. El Viajero Onírico me llaman, y los sueños son mi especialidad. Al ser el sueño una ilusión de la muerte, también el mundo espiritual es mi dominio. Pero si vuesas mercedes no premian de mis servicios, debo retirarme y continuar mi periplo." Las palabras Viajero Onírico despertaron el interes del hermano menor, pues se sabía que había hablado más de una vez con los muertos. En su joven mente cabía la posibilidad de que ese desconocido hablase con sus hermanos y que estos le revelaran la identidad del asesino, así que rogó sus servicios. El Viajero pasó la noche con la familia.
Esa noche, y delante de toda la familia, el Viajero comenzó su ritual. De una pequeña bolsa que llevaba, sacó un polvo fino, con el que dibujó un circulo en el suelo. Después de dibujarlo, pintó unas runas con el mismo polvo, dejando un pequeño pentágono en el centro. Ocupó su sitio en el centro del pentágono y, de un golpe al suelo, todo el dibujo comenzó a arder. Sus ojos se tornaron blancos, y quedó inmovil en una posición erecta. Después de que el fuego se apagase, el Viajero se desplomó. La madre de los asesinados se apresuró en traerle agua, y una vez el Viajero estuvo listo para emitir su mensaje, comunicó lo siguiente: "He visto directamente la cara del asesino. Es un hombre robusto y muy grande, el cual casi no puede correr. Vuestros familiares le plantaron cara valientemente, pero el cobarde asesino los ajustició por la espalda, con una especie de finta. Tiene dos cicatrices en la mejilla derecha, y es de tez morena. Eso es todo lo que puedo deciros."
La familia, entusiasmada por tan reveladora visión, pagó al Viajero Onírico con diez monedas de plata. Este se despidió cortésmente y se adentró en la profundidad de la noche.
Mientras caminaba por la calle, pensaba alegremente: "¡Cuán ingenua puede llegar a ser la gente! Ahora solo tengo que visitar a las familias de los otros cinco asesinados y montar el mismo número. La vida es demasiado facil."

2 comentarios:

Odaetsu dijo...

El Viajero es un hombre de unos treinta y poco años que se recorre mundo con la única meta de conseguir fama y fortuna. Su fama como chamán y brujo le ayudan en su cometido, pero en realidad solo sabe de espíritus lo que ha leido en los libros. Se basa en la mentíra para conseguir sus objetivos, y es propenso a meterse en algun que otro lío. Tiene una habilidad inmensa, la cual le ha ayudado a completar sus tareas que premiaban de un sigilo máximo. En su actuación como chamán, utiliza un polvo llamado "pólvora argéntea" y un guante con dos piedras que sueltan una chispa al frotarse. Utiliza la pólvora y el guante para intimidar, engañar y fascinar a sus clientes/enemigos. Por supuesto, tiene cultura suficiente como para respaldar sus engaños. Gusta de mujeres y diversión, como pueden ser el vino, y más de un granjero con ardiénte y hermosa hija busca a este viajero por llevar el deshonor a su familia.
Es un hombre alto, de figura esbelta y pelo grisaceo, color ceniza (el mismo color que sus ojos). Viste con una camisa bajo un chaleco de cuero ceñido, con barios cinturones en los que guarda extrañas pócimas y su pólvora. Unas botas altas y unos pantalones de cuero completan su vestimenta, y cuelga de su cintura un estoque maltrecho.

migue fernandez dijo...

Parece una historia prometedora, la seguiré a ver como continúa un cordial saludo.