martes, 18 de agosto de 2009

Escena VIII: Atracción

Las llamas del hogar agonizaban en forma de ascuas, haciendo crujir a la madera, pidiendo un poco más de comida. La señora Vale seguía sentada en su mecedora. Las herramientas de croché quedaron en su regazo, bajo sus manos; y su cabeza formaba un angulo recto. Cualquiera diría que dormía, cualquiera que no viese la sutil herida que bajaba por su espalda. Antes de reunirse con su familia, durante su agonía, la señora Vale sacó en claro una cosa: los pétalos de Begim no son buenos amuletos.

* * * * *

El hombre del sombrero con una pluma roja cogió la bolsa y la abrió, de ella brotó una tenue luz aúrea perteneciente a una decena de pétalos. Los pétalos se movieron. Habían encontrado a otro de sus hermanos y lo querían de vuelta. El varón de la pluma color carmesí no se sorprendió, cada vez estaba más familiarizado con el comportamiento de los pétalos. Se atraen entre ellos, como imanes, y cuanto mayor fuera la cantidad más fácil era encontrar a los restantes. Caminó en la dirección que le marcaban los pétalos hasta con la plaza principal. Desafortunadamente, para él, estaba abarrotada, pero esperaría.

3 comentarios:

Doro dijo...

El asesino anónimo y el Viajero onírico se encontraron, pasó lo inevitable, pero espero que quién escriba tenga la maña que hacer que ninguno de los dos protas mueran antes de que la historia empiece de verdad.

Guotefac dijo...

*Se lo apunta*

carlos dijo...

esta bn el camino ke va llevando pero la unica pega diria yo eske ai mu pocos datos del asesino =)