“Hace más de dos semanas que defendemos Madrid de los traidores. Todos creíamos que ganaríamos, pero hoy que ellos han llegado, hemos dejado de creer. Ahora sabemos, sabemos que las aguas del Jarama nunca será de los fascistas. [...] Dicen que vienen a destruir su artillería y aniquilar a su puesto de mando. Sólo espero que no acaben ahí, que maten a todos esos hijos de putas. Con suerte en unos días espero estar en casa.”
Eduardo Torres (1915-1937)
* * * * *
De la polvareda creada por la explosión emergió una esfera azul translúcida que envolvía a varios afortunados soldados republicanos y a tres hombres con traje militar color negro, una banda con los colores de la República cruzando el torso y una espada al cinto. Los tres hombres caminaban dentro de la esfera en disposición triangular, el del centro con la mano alzada y la palma abierta. El varón que caminaba a la derecha, calvo y con perilla, miró al de la izquierda, un joven imberbe y con media melena recién entrado en la veintena.
-Rayo, los veo. A ciento veinte metros al noroeste.
-Bien. Adolfo cuando quiera -el joven desenvainó su arma-.
El hombre que lideraba el grupo cerró el puño un instante, entonces Rayo desapareció sin que nadie pudiese verle. Allá por dónde corría sólo se veía una figura borrosa y una estela de polvo.
Apenas pasó escaso un minuto, cuando el hombre de la perilla avisó.
-Adolfo, Rayo ya viene. Prepárate.
La esfera volvió a parpadear y Rayo apareció dentro. Algo cansado y con la espada bañada en sangre. La sacudió con un golpe invisible al aire y la sangre salió despedida, luego con otro movimiento que nadie pudo captar la envainó. Respiró profundamente y henchido de orgullo dijo:
-Muchachos, esta guerra es nuestra.
-Rayo, los veo. A ciento veinte metros al noroeste.
-Bien. Adolfo cuando quiera -el joven desenvainó su arma-.
El hombre que lideraba el grupo cerró el puño un instante, entonces Rayo desapareció sin que nadie pudiese verle. Allá por dónde corría sólo se veía una figura borrosa y una estela de polvo.
Apenas pasó escaso un minuto, cuando el hombre de la perilla avisó.
-Adolfo, Rayo ya viene. Prepárate.
La esfera volvió a parpadear y Rayo apareció dentro. Algo cansado y con la espada bañada en sangre. La sacudió con un golpe invisible al aire y la sangre salió despedida, luego con otro movimiento que nadie pudo captar la envainó. Respiró profundamente y henchido de orgullo dijo:
-Muchachos, esta guerra es nuestra.
* * * * *
Fue en España en el valle del Jarama
lugar que nunca podré olvidar
pues allí cayeron camaradas
jóvenes que fueron a luchar.
Nuestro batallón era el Lincoln
luchando por defender Madrid
con el pueblo hermanados peleamos
los de la Quince Brigada allí.
Lejos ya de ese valle de lágrimas
su recuerdo nadie borrará.
Y así antes de despedirnos
recordemos quien murió allá.
lugar que nunca podré olvidar
pues allí cayeron camaradas
jóvenes que fueron a luchar.
Nuestro batallón era el Lincoln
luchando por defender Madrid
con el pueblo hermanados peleamos
los de la Quince Brigada allí.
Lejos ya de ese valle de lágrimas
su recuerdo nadie borrará.
Y así antes de despedirnos
recordemos quien murió allá.
1 comentarios:
“Cerrada”. Sí queréis escribir avisad primero.
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