domingo, 27 de septiembre de 2009

Escena IX: Alianza fatal

La mayoría palideció de terror; otros comenzaban a pensar cómo darle caza; un grupo de jóvenes se reía del supuesto espiritista, de su ridícula descripción de una criatura de ultratumba como asesina de los varones que yacían en el centro de la plaza. El estafador, mezclándose ahora entre la multitud y recogiendo las monedas que le daban por su acción, se sentía inquieto. Vistos los cadáveres, ya no le cabía ninguna duda del objetivo del misterioso asesino: los pétalos de Begim Vale. Para qué servían, pocos lo sabían, y él no era uno de ellos. Unas historias decían que una vez juntos otorgaban a su portador la inmortalidad. Otras, que formarían una piedra filosofal que transformaría en oro aquello que tocase. Le asustaba bastante la que decía que una vez juntos, los pétalos explotarían y destruirían el mundo, pero más lo hacía la parte común de todas esas historias: los pétalos se atraían unos a otros, y los que él llevaba tiraban de su pantalón. El asesino estaba muy cerca, detrás de él, entre la muchedumbre. Probablemente aún no sabía quién tenía los pétalos. El Viajero sabía que salir corriendo no era una opción, su mejor baza era mantenerse entre la multitud. Tampoco podía entretenerles con otro truco, eso podría hacer que el asesino se fijara en él. «¡Vamos, piensa!» Algunos vecinos ya comenzaban a irse. Así que decidió dar él el primer paso.
Sacó de su bolsillo uno de los pétalos, que no cesaba de moverse, y lo soltó discretamente. El pétalo salió disparado e impactó en un hombre de negras vestiduras y una pluma carmesí en un sombrero que le ensombrecía media cara. Ambos se quedaron perplejos.
El Viajero dio otro primer paso, se acercó al hombre de negro e iniciaron una conversación a vista de la gente, pero no a su escucha.
-Os presento mis respetos, Portador. -Luego susurró al asesino- Ellos no saben que eres el causante de todas las muertes, pero yo sí. -Y recuperó su tono-. De modo que no hay necesidad de resolver esto de una manera violenta, ya que ambos sabemos porqué estamos reunidos.
Las palabras del Viajero fueron contestadas con una dura mirada de frialdad y con un movimiento de cabeza afirmativo. Por tanto, el Viajero decidió continuar su monologo:
-Si os digo la verdad, no sé para que sirven estos pétalos, ni cuantos son. Solo sé, como hemos demostrado, que se atraen entre ellos, y que giran en torno a una leyenda, que los enterados del mundo de la alquimia llaman Tulipán.
-Tulipán no es ninguna leyenda -contestó el asesino, con una voz llena de ira-. Y parece que sí que sabéis de esa leyenda. Dadme una buena razón para no acabar con vos ahora.
Las amenazas y el tono del asesino no causaron impresión alguna en el rostro de su interlocutor, el cual respondió sereno y calmado.
-La única razón que puedo daros es que estando yo de vuestro lado llegareis a buen puerto. Haciendo las cosas a vuestra manera, tarde o temprano darán con vos, y se acabará todo -el Viajero hizo una pausa-. Solo os pido que me dejéis ver a Tulipán, si tan seguro estáis de que no es una leyenda.

3 comentarios:

Odaetsu dijo...

A los que ven algo raro tanto en la numeración de la escena como en el contenido de esta:
Sí, hemos borrado las últimas escenas, donde se descontrolaba todo un poco y hemos remodelado la 9.

Doro dijo...

En realidad no están borradas, están guardadas como borrador. =]

Guotefac dijo...

Que mono, todos en la misma entrada *-* (?)