martes, 29 de septiembre de 2009

Escena XI: El hombre de la arena

El extraño se puso la capucha de su negra capa y se sentó en la silla que hay frente al cabecero de la cama -ésta había sido movida con anterioridad para quedar en el centro de la habitación-. Sacó una pizca de arena azulada que llevaba en una bolsita al cinto y la espolvoreó sobre la cara del durmiente. Colocó su mano derecha bajo la nuca del futuro soñador y la palma izquierda en la frente.
-Avísenme cuando sus ojos se muevan rápidos bajo sus párpados.
Acto seguido cerró los ojos y permaneció inmóvil. Así durante un rato, hasta que una de la mujer, de entre tantas personas que ocupaban el lugar, dio el aviso.
-Ahora, señor. Sus ojos se mueven como locos.
El hombre respondió con un leve asentimiento, tan leve que pocos lo llegaron a percibir.
«Ya comenzó a soñar», musitó.
-Recuerde en todo momento que esto es sólo un sueño -dijo pausada y suavemente, muy relajante-.
-Sí -respondió el hombre de la cama con el mismo tono-.
-Bien, se encuentra en una encrucijada, con un camino a la derecha y uno a la izquierda. ¿Por cual decide caminar?
-¿Qué... qué hay en el horizonte?
-Un hermoso cielo estival. Por favor, limítese a responder a mis preguntas.
-Bien..., el de la izquierda.
-Sigues caminando y te encuentras un estanque, frente a él, un niño sentado en una piedra mirando al agua. ¿Qué haces?
-Miro el estanque.
-Nadando bajo sus aguas cristalinas una carpa dorada, una roja y una azul. Las carpas asoman la cabeza y te invitan a que te des un baño; el niño te lo desaconseja...
-No importa, entro.
-Cuando entras, en el centro del estanque se forma un agujero que empieza a dragar el agua. El agujero va creciendo y no antes de que puedas reaccionar caes en él. Todo se vuelve negro.
En la oscuridad, a unos metros del soñador, aparecieron circunferencias níveas flotando a la altura de una cabeza. Luego la negrura se fue desvaneciendo y se vio rodeado de figuras con toga negra y máscaras blancas. Los seres enmascarados le señalaron e incriminaron. «Tú eres el causante de todo». «De no ser por ti ella seguiría aquí». «Fue por tu culpa».
-¡Callaos! -sonó una voz entre las máscaras. Uno de ellos avanzó varios pasos y gritó-. ¡Callaos de una vez!
El adelantado se deshizo de su máscara. El durmiente lo reconoció, era el misterio hombres de los sueños que llegó al pueblo hace días.
-Relájate. He hablado con tu esposa y desea que sepas que ella no te culpa. Nunca la has de olvidar, pero revivir a su fantasma en tus sueños no hace bien a ninguno. El mundo de los sueños y el de los muertos tiene un vínculo más estrecho de lo que algunos pueden llegar a pensar. Sí permaneces en uno acabarás visitando el otro. Y desde tú posición, no es algo recomendable.
El hombre de la toga movió su mano y uno de los enmascarados flotó hasta el centro del círculo, chascó sus dedos y la máscara estalló.
-Aizpea... -el rostro femenino que había desvelado la máscara sonrió-. Lo siento tanto.
-No puede comunicarse, pero te oye.
El hombre se acercó a su difunta esposa y la tomó de la mano. Durante largo rato la habló y se disculpó.
-Gracias, forastero.
-No tiene importancia. Ahora debes despertar, ¿estás preparado?
-Eso creo.
Todo se volvió negro una vez más.

* * * * *

-Respira con calma. Ase el picaporte y gíralo con delicadeza... Ábrelo poco a poco y cruza sin temor.
El hombre de la cama abrió los ojos con lentitud. Los presente se aglomeraron alrededor de la cama. «¿Qué ha pasado?». «¿Cómo te encuentras?». «¿Ha funcionado?».
-Estoy bien, algo cansado, pero bien. He tenido un sueño muy raro. Hablé con Aizpea...
Mientras el paciente relataba aquello que recordaba del sueño, el hombre de los sueños se marchó por la puerta.
-¿Quién era ese? -preguntó un joven que se encontraba en la sala-.
-
¿Ese?, un extraño que viaja de una tierra a otra diciendo curar a la gente de sus pesadillas, y al parecer a los que trata lo corroboran. Se podría decir que es un viajero de los sueños, un viajero onírico. Viajero onírico -el hombre soltó una carcajada-, ¿no suena a loco?
-Puede ser, pero me gusta.

2 comentarios:

karlospa dijo...

no entiendo el final es un poco bastante lioso

Doro dijo...

El personaje del Viajero onírico toma su nombre de un hombre que cuando el era pequeño se dedicaba a viajar para curar a la gente de sus pesadillas.