jueves, 29 de octubre de 2009

El taxidermista

-Cariño, créeme. Esto es más duro para mí que para ti. Tu piel se comenzaba a manchar, tu pelo había perdido su brillo natural. Pero me he encargado de mantener la belleza intrínseca de tu cara, excepto los ojos. No sabes cuanto sufrí sacándote tus hermosos vidrios azulados, pero los he reemplazados por unos de igual tonalidad. Y tu alma, por supuesto, sigue intacta, que sentido tendría todo si cambiase un ápice de tu adorable ser.
Varios golpes secos se continuaron en la puerta. Luego se abrió y entró una niña. El hombre se giró rápidamente y reconoció a la niña.
-Ana, amor. Vuelve a la cama, papá está trabajando.
-Papa..., ¿qué haces con mi Barbie?

De profesión, amante

El hombre caminaba ligero pero cuidadoso, el café estaba hirviendo, tanto que había transferido el calor incluso al plato del juego de tazas. Colocó una delante de la mujer y otro frente a sí. Cogió el asa con pulgar e índice, se llevó la taza a la boca, no sin antes disfrutar del aroma, sopló al líquido y sorbió.
-Ten cuidado. Está caliente.
La mujer no bebió. Él la miró, contemplándola, pero su visión se cruzó con la de ella y como si fueran niños jugando, aguantaron la mirada. Ella siquiera parpadeó. Mirando más allá del ojo, entrando por la pupila hacia el alma. A él la encantaba mirarla y ella..., simplemente podría ser eterno. De modo que decidió darle fin con un carraspeo y algo de conversación.
-¿Recuerdas nuestra relación? ¿El cómo nos conocimos? -El hombre sonrió-. De película decíamos siempre. Todo era perfecto, eras tan dulce conmigo, pero, como siempre pasa, la cosa se fue enfriando. Recuerdo que hab
lábamos de amor, y tú ni abrías la boca. Cómo ahora. Has de reconocer que en ese sentido fuiste muy dura.
El hombre tomó otro poco de café, repitiendo su ritual, y prosiguió con su discurso.
-Pero, bueno. Eso es cosa del pasado, tú rehiciste tu vida. Qué demonios... ¡te casaste incluso! No, tranquila, no importa. Es lógico, ¿cómo podrías seguir enamorado cuando la cosa está condenada a no funcionar? La verdad, no lo sé, pero a mí me pasó. Iba todas las tardes a nuest
ro banco del parque y me sentaba. Pensando que volverías. No fue fácil. -Cerró las ojos y respiró hondo para retirar el recuerdo. Miró a la mujer y su taza, aún no lo había probado-. Era con mucha leche, ¿verdad? A veces no sé dónde tengo la cabeza.
El hombre se levantó y volvió poco más tarde asiendo con un trapo una jarra con leche caliente.
-Sírvete. Por cierto, permítete una pregunta.
¿Cuándo dejaste de quererme?
La mujer no respondió.
-No es justo. Yo me pasaba los días pensando en ti, recordándote. Pero ya no hace falta, ahora que estamos juntos de nuevo. -Se inclinó hacia el café de ella y lo removió. Luego retiró la cuchara, aunque no tenía su característica terminación convexocóncava, sino una punta afilada, más bien era un escalpelo o algún instrumento similar-. Y si no te importa, me voy a beber tu café. Ambos sabemos que tú no vas a hacerlo.
De la boca de la mujer, por la comisura izquierda, brotó un hilo de sangre.

miércoles, 28 de octubre de 2009

El abrigo de piel

Era en aquel lugar, aquel lugar que supuestamente nadie conocía, donde una panda de desgraciados se enriquecía a costa del sufrimiento animal.
No se daban cuenta del daño que causaban, el afán de dinero les insensibilizaba completamente, hasta el punto de que para ellos era rutina y actuaban con total naturalidad durante sus inhumanos actos.
Si bien era sabido que gran parte de culpa la tenían esos cerdos ricachones con sus demandas, aún así aquellos hijos de puta les seguían complaciendo y no estaban exentos de culpabilidad. Dado que no sería posible evitar que los peces gordos compraran abrigos para sus señoras, ya que siempre habría más y más y no todos serían accesibles, lo lógico sería eliminar el problema de raíz. Él lo pensó así ese día, y decidió actuar en consecuencia...

* * * * *

La granja estaba tranquila como de costumbre y el atardecer marcaba el final de la jornada. Los tres hombres que se dedicaban a ese negocio estaban más que satisfechos con la cantidad de pieles arrancadas ese día.
-Buen trabajo chicos -dijo entre risas uno de ellos-, un día más y este pedido estará listo.
-Sí, ha ido muy bien. Pero como sigan resintiéndose tanto estos apestosos bichos, no sé yo patrón.
-Jefe, él tiene razón, quizás deberíamos...
-¡Callaos! -gruñó-. A ver, no me seáis nenazas, si se resisten habrá que tratarles con más "cariño", ¿no?
-Entendemos jefe, pero... ¿no podría dañar eso la piel? -preguntó uno de ellos titubeante-.
-Me la trae floja unos cuantos rasguños de más. Y en ese caso podríamos poner explicaciones, pero no al retraso del pedido. ¿Entendido?
Los dos subordinados asintieron cabizbajos pero con decisión.
-Aclarado pues. ¿Qué os parece si vamos dentro a...? ¡¡¿¿Pero qué coño...??!!
-¡¡¡Joder!!! -gritaron los otros dos al unísono-.
De repente, tanto el jefazo de la granja como sus peones no daban crédito a la visión de sus mustélidos corriendo a su libre albedrío. Tan rápido como pudieron fueron agarrando y atontando a algunos de esos escurridizos bichejos, con la dificultad añadida de que era ya de noche. El caos que reinaba en la granja hizo que los trabajadores se dispersaran, que es justo lo que debía pasar...
De pronto, uno de los trabajadores soltó un grito a la vez que se llevaba la mano a la rodilla y caía al suelo. Era evidente que le habían disparado atravesándole la rótula y todo el enmarañando conjunto de tendones del cual se componía su articulación. Sus camaradas se sobresaltaron y fue en ese momento de sobresalto cuando, sin esperarlo (al igual que su compañero), sus rodillas fueron atravesadas por proyectiles.
De esta manera, y con sus víctimas encogidas de dolor en el suelo y confundidas, decidió ponerse manos a la obra.

* * * * *

Era ya entrada la noche cuando sonidos agónicos interrumpieron el afilar de los cuchillos; era evidente que esos tres cabrones habían recuperado el conocimiento. Se vieron colgados de los pies, maniatados y amordazados, con un hilo de sangre recorriendo sus doloridas cabezas. Intentaban soltarse retorciendo su cuerpo, pero pronto se dieron cuenta de que era inútil.
Inmediatamente vieron acercarse una figura erguida y encorvada, cubierta con harapos que lo ocultaban por completo exceptuando sus raquíticas manos, que eran alargadas, peludas y cuyas uñas bien podrían rasgar la carne. Llegó junto a ellos sin decir palabra, cogió uno de los cuchillos y comenzó a cortar superficialmente la piel de uno de ellos a la altura de los tobillos; los tres hombres se movieron como un gusano se mueve colgando de su seda. Estaban aterrorizados; además uno de ellos estaba sufriendo un enorme dolor.
La extraña figura pegó un rodillazo en la cara de su primera víctima, provocando la rotura de su nariz. Esto fue más que suficiente para darle a entender que tenía que quedarse quieto. Una vez que su presa estaba "tranquila", empezó a tirar del primer corte hacia abajo levantando la piel.
Poco a poco iba retirando la piel, cortando cuidadosamente en las zonas donde se encontraba con algún impedimento (como las ingles). Todo esto producía en el silencio nocturno un sonido semejante al de despegar un adhesivo de papel; mientras, el despellejado sufría lo inimaginable.
Una vez terminado el primer despellejamiento, hizo lo propio con el siguiente. La visión de los cuerpos ensangrentados, moribundos y agonizantes era estremecedora, no así para él.
Estando ya los dos primeros hombres muertos y justo cuando iba a despellejar la cabeza del tercero, este consiguió quitarse la mordaza; luego dijo entre sollozos y con mucha dificultad:
-¿Quién cojones eres? ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Por qué haces esto?.
El extraño se agachó lentamente a la vez que pasaba una de sus afiladas uñas por todo el cuerpo despellejado hasta la cara de aquel pobre desgraciado, quien intentó sin mucho éxito ver la cara de aquel desconocido, y con una voz profunda, ronca y siseante dijo:
-Quién sea no creo que te importe demasiado a estas alturas; el cómo he llegado, tres cuartos de lo mismo y...bueno, el por qué sí que te lo puedo decir.
Señaló a los cuerpos despellejados de los mustélidos, que comenzaban a moverse, y le susurró al oído:
-Lo hago porque ellos me han pedido un abrigo de piel.
Dicho esto, dio un fuerte tirón de la piel de aquel hombre y miró satisfecho lo que el consideraba un buen pedido.

martes, 27 de octubre de 2009

Escena III

Escenas publicadas de Resistencia
Escena I
Escena II
Escena III

Parecía mentira que desde aquí podía olerse, era como si pudiésemos notar la humedad de la sangre que teñía el bosque con los dedos desde nuestra distancia. Una acidez recorrió toda mi garganta en el momento que observe a mas de uno de nuestros hermanos de la resistencia en sus últimos momentos de vida, Ivan asiéndose los intestinos en un vano intento de volvérselos a colocar donde las lanzas enemigas habían cortado tejido, y hueso como papel; a Harris, un joven que apenas tendría los 20 años, le habían arrancado de cuajo ambos brazos y gemía y lloraba en un intento por mantenerse despierto mientras gemía "¡No quiero morir!". Y otros tantos estaban heridos de alguna manera.
Entonces los vimos, como serpenteantes figuras que corrían de un lado a otro buscando cobijo entre la maleza y los arboles mientras los hombres intentaban alcanzarlos en un intento vano. Me sobrepuse a todo lo de mi alrededor, me concentre en las armas, en mis hombres y en el plan, y con un movimiento de mi brazo, corrimos hacia el encuentro del enemigo que al vernos se abalanzaron sobre nosotros, obviando sus tácticas de guerrillas con rostros desencajados por el odio.
Las armas parecían vibrar, como si reconociesen que iban a ser usadas para acabar con la vida de sus legítimos dueños, pero resistimos. Me sorprendí volviendo a sentirme extraño cuando chocaron las armas y armaduras, el aspecto, la dureza, todo les hacia metálicos, sin embargo el sonido era como el chocar de la madera. Los moradores del bosque presentaban facciones agudas pero suavizadas y mentiría si dijese que no había belleza en ellos, pero en el fragor de la batalla el guerrero ante mi mostraba una mueca de odio y rencor que hacia que pareciese un autentico demonio.
Las armas chocaron y el mundo se redujo al espacio que alcanzaba mi arma, la rapidez de mi enemigo era feroz pero conseguía parar sus acometidas y en algún momento hasta poder contraatacar, pero mi oponente era demasiado predecible, sus ataques eran perfectos pero rítmicos y siempre buscando la misma zona, abrí una ligera brecha en mi defensa a cuenta de que se atacase en esa dirección. En cuanto lo hizo golpee su cabeza con el arma, la cual se endureció con reticencia perforando carne, hueso y quedando su extremo a la vista. La sangre salpicó mi cara pero no había tiempo para detenerse, pues el resto del contingente venia directamente hacia mi. Alcé mi escudo pensando si sería suficiente para detener los primeros ataques, y saqué la especie de espada pues no tenia tiempo para sacar la lanza del cuerpo enemigo. La espera al acercamiento del enemigo fue eterna, cada segundo era como una hora, el latido de mi corazón, el sonido de la hierba siendo pisada, los gritos y lamentos... deseaba que acabase de una vez, y tal ver era eso lo que el propio enemigo quisiera.
Sin embargo todos los enemigos en vez de atacarme me rodearon, una táctica inteligente, pero no es propia de ellos, aman el uno contra uno, el honor y cosas de esas, quizás me viesen demasiado peligroso. Todos excepto uno me dieron la espalda en ese momento, con los escudos levantados como defendiendo el perímetro. Frente a mi, avanzaba la figura más inquietante que pudiese haber visto, se veía esbelto, demasiado frágil, pero podía sentir su ansia de sangre y su fuerza desde mi distancia, era como si ya sintiera el corte antes de haberlo padecido.
Entonces me habló, y su voz sonaba como el sonido del bosque, sentí la hierba y mis propias armas agitarse tras esa voz, como si comprendiesen y supieran quien era.
-Hablo en nombre de lo que todavía no ha sido corrompido, eres fuerte segador del bosque, pero no lo suficiente como para enfrentarte al bosque mismo.
Así era como nos llamaban, segadores del bosque, un termino que sonaba lleno de desprecio, el mismo que sentí al recordar las muertes de mis camaradas, y la perdida de quien más quería. Avancé hasta colocarme en una posición que me alejase del muro de moradores del bosque, pues seguro que aun si salia victorioso, ellos me trocearían con sus propias manos, la situación era demasiado peligrosa y escuchaba a mis hombres como intentaban alcanzarme abriéndose paso, y sufriendo bajas, pero no debía distraerme, o seria mi final.
-Yo hablo en mi propio nombre, pues no subyugo a nada ni a nadie, hemos venido a buscar lo que es nuestro y a terminar con vuestras vidas.
-Veo rencor en tus ojos segador, veo que estás lleno de miedo, pero te admiro, ninguno hasta ahora ha podido portar ese arma sin ser de los nuestros, lo que quiere decir que el bosque acepta tu vida, pero no puedo aceptarlo, no mientras sigas con tu visión del mundo, con tu forma de vida.
-Hmm, no esperes que entienda lo que quieres decir, simplemente luchemos ahora y no mañana.
Me estaba cansando de aquel sujeto, tire el escudo y aferré el arma con ambas manos, iba a necesitar de toda mi fuerza y destreza para aquel encuentro. Sereno, pensando simplemente en el ahora, visualizar al enemigo, era lo único que necesitaba recordar, entonces avancé hacia el, con mi arma alzada. un segundo antes de descargar mi arma sobre el, me fije en que parecía como si mi enemigo sonriese.


El árbol

La luz de la luna iluminaba las plateadas hojas del árbol que había presenciado su amor.
-Se acabó -de los ojos de él brotaban lagrimas con cada sílaba-. Este es nuestro final... Nuestras familias no van a permitir lo nuestro.
El precioso vestido color rojo de ella resplandecía en un paisaje oscuro con tintes plateados.
-Pero, cariño. -Esa noche, ella no paraba de toser-. Nuestro amor está por encima de familias o dioses.
Él cogió uno de los frutos del árbol y se lo ofreció a ella.
-Y por encima de la muerte... Pero, al menos en vida, no podemos hacer nada por permanecer unidos. -Unos gritos sonaron en la lejanía-. Es mi padre...
-No os vayáis. Dejad que disfrute de los últimos segundos que tengo ante vuestra presencia.
Los amantes se fundieron en un beso que pareció infinito. Después de liberar toda la pasión, no volvieron a mediar palabra. Él se fue, y en Firenze no se volvió a saber de él.
Ella veía con las manos en el vientre como su amante partía para no volver.

* * * * *

Vio como un anciano se acercaba al plateado árbol en el que siempre jugaba. Tocó el tronco con la palma de la mano y rompió a llorar. Se acercó al anciano. Más por curiosidad que por preocupación.
-¿Por qué llora, anciano?
-Lloro porque... la razón de tu existencia ya no está entre nosotros.
El anciano se levantó sereno y tranquilo, sin llorar. Le acarició la cabeza y se fue sin volver la vista atrás. Ahora, y sin saber por qué, no podía dejar de llorar.

Sentimientos

Sonó la campana. Su rival extendió el puño y esperó a que él lo chocara para comenzar el combate. Toda la grada y todos los televidentes que, por hache o por be, estaban mirando el combate centraban su atención en él. Decidió no hacerles esperar más. Chocó su puño con su contrincante. Su corazón latía a ritmo de jazz.
Un amasijo de golpes y movimientos se desató. Su rival, conocido por sus patadas altas y su rapidez, no le dejaba respirar. Cada golpe que conseguía parar era una brecha en su resistencia. Y, uniendo cansancio propio y rapidez enemiga, le era imposible conseguir dar un ataque. Siguió esperando, observando a su enemigo, hasta que consiguió calzarle un gancho en la mandíbula. Fue una acción de acto reflejo. El enemigo bajó la guardia para dar una potente patada, él paró la patada con su antebrazo izquierdo y dejó fluir su brazo derecho, que había encontrado un hueco hacia la mandíbula. Dibujó una sonrisa en su cara.
Después del gancho, surgió un codazo en la sien. Un golpe terrible, y que dejó gravemente confuso a su rival. Él agradeció esa confusión y lanzó una patada al bazo, notando en el empeine todas y cada una de las costillas de su adversario, que cayó al suelo. Iba a dar un último y decisivo golpe cuando el árbitro lo paró. Aceptó que su enemigo se recuperara levemente, pero la sonrisa ya había desaparecido de su rostro.
De nuevo tocaba defender. Patada lateral, patada a la pierna y patada al cuello. Siempre ese esquema. Una y otra vez. Una y otra vez. Pero en una de esas rondas defendió por inercia su cuello por la parte derecha, que era por donde siempre le venían las patadas. Grave error. Vio como el puño de su rival, después de hacer una maravillosa finta, se iba acercando poco a poco a su faz hasta el punto de golpear con la dureza del acero su tabique nasal. Cerró los ojos a causa del dolor y se echó las manos a la cara. Cuando volvió a abrir los ojos, todo estaba teñido en sangre. Se había parado el combate. Tenía el ceño fruncido.
Después de que los sanitarios le arreglaran el estropicio que le habían hecho en la cara, el combate se reanudó. Esta vez no había piedad. Patada, puñetazo, rodillazo. Patada, puñetazo, rodillazo. Su rival casi no tenía más aliento. Él tenía la mandíbula tan prieta que parecía que sus dientes iban a saltar.
Todo pasó en una fracción de segundo. En uno de los puñetazos que lanzó, agarró a su enemigo por el hombro y, apoyándose en él y golpeando con la fuerza añadida de un salto, clavó su rodilla en la base del esternón. Sintió como el conjunto de huesos que formaban la caja torácica se disgregaba. De nuevo, su cuerpo estaba teñido de sangre. Sangre ajena. De nuevo su rostro lucía una sonrisa.
Sonó la campana. Alzó el puño. El estadio se vino abajo. Su corazón latía a ritmo de jazz.

Bancos distantes

Aquel día ella decidió esperar a que alguien se sentara en su banco, pero al final fue a ella a quien esperaron...
-Sabes que no miento cuando digo que me sentaría en tu banco.
-Bien sabes que me gustaría que te sentaras, pero no miento cuando te digo que mi banco te es inalcanzable.
-En ese caso, esperaré en el banco de enfrente a que las distancias se acorten.
-Eres consciente de que antes de que eso ocurra puede que se siente otro ¿verdad?, y toda tu espera habrá sido en vano.
-Correré el riesgo y esperaré todo el tiempo que me sea posible, porque en vano es vivir sin ti.
Una figura en el horizonte del camino del parque donde se encontraban los bancos interrumpió la charla momentáneamente. Fue acercándose poco a poco y con decisión al banco de ella.
-Bueno, me parece que vienen a por mí.
-¿Es esto una despedida?
-No, no lo es. Para mí es el comienzo de una nueva vida llena de emociones. Para ti una espera agonizante fruto de tu cabezonería inútil.
-No me importa. Me quedaré aquí alimentando palomas con la esperanza de que algún día tú te sientes en mi banco.
-Pues mejor será que esperes sentado...
Ella se marchó mientras él miraba como dos figuras empequeñecían en el horizonte. La comida de las palomas iba a ser a partir de ahora algo salada y amarga…


lunes, 19 de octubre de 2009

Jamás pensé

Jamás pensé que podría querer tanto a una mujer.
A una mujer de éter, como las antiguas estrellas.
A una mujer de fuego, como las más bellas.
Jamás pensé que podría querer tanto a una mujer.

Ella es la musa de mis letras.
Ella es el alma de mi vida.
Ella es la verdad bendecida.
Ella es el sol de mis noches.
Ella es el consuelo de mis dolores.
Ella es la cura a mis heridas.
Ella es el amor hecho carne.

Jamás pensé que podría querer tanto a una mujer.
A una mujer tan suave, con el tacto de una nube.
A una mujer tan viva, con la fuerza de un roble.
Jamás pensé que podría querer tanto a una mujer.

A ser sinceros, jamás pensé que tendría una hija.

Don Amor

Os hablo a vos, don Amor.
Gran enemigo del Hombre parecéis.
Imagen refleja del Odio sois.
Os hablo a vos, don Amor.

domingo, 18 de octubre de 2009

Escena III: La ida


-No, Rayo. Los ideales ya no sirven de nada. Tenemos que marcharnos de España.
-¿A dónde, a Francia? Esos hijos de puta nos han vendido. Primero nos abastecen y luego reconocen el régimen de Franco y su puta madre.
-¿Qué prefieres, resignarte y asumir que ni nuestros poderes nos salvarán , pero morir con honor, o retirarnos con los franchutes hasta que las cosas se tornen de nuestro lado?
-¿Qué hay de Adolfo? Esos putos fascistas lo asesinaron.
-No, hijo, no. Nadie podía con él. Lo mató el vicio, el veneno de una puta.
-Pero...
-No hay peros -interrumpió el calvo con perilla-.
-¡Sí los hay, no me digas que no! Hemos perdido demasiado como para abandonar ahora.
-Adelante, chico. Quédate, pierde también la vida. ¿Qué crees que pensará Daniela cuando sepa que su amor ha muerto como un suicida idealista? ¿No prefieres sobrevivir con ella? Rayo, escúchame, esto es serio. La República ha caído, ni sus figuras la respetan, ¿no recuerdas el golpe del cabrón del coronel Casado?
-Está bien, iré. Pero juro a Dios, si es que sigue con nosotros que volveré a asesinar a ese hija de puta de Franco.

sábado, 17 de octubre de 2009

La mujer del nombre con seis letras


Escritos relacionados



-¿Sabes que hice anoche?
-¿Meterle un bate de béisbol a una pava por el culo?
-Puede ser –sonrió Corbata. Porqué le llaman Corbata es algo que cambia según quién lo pregunte, algunos lo ven tan simple como por el hecho de siempre llevar corbata. Pero los que le conocen saben el auténtico origen: colgó a un hombre de una lámpara por los genitales con una corbata-. El problema es que me he levantado con una resaca del 12, con una pota en el suelo, una raya en la mesilla y un plato de macarrones al lado.
-¿Alguna vez te dije que tu vida no era sana del todo?
-Haciendo lo que hacemos nada es del todo sano.
-Prefiero llevar esta vida insana a dejar de hacer lo que hago. En cierto modo, me divierte... Eso, y que no se hacer ninguna otra cosa.
-A todo esto, sigo sin entender porqué La mujer del nombre con seis letras quiere a este capullo.
-No es por dinero. Tampoco puede ser por belleza... El cabronazo tiene que tener un tranco más grande que el eje de este coche.
-¿Y para qué?, oí que no lo usa.
-Entonces vete a saber por qué lo quiere. Valiente imbécil...
-Guante, ¿es este el bloque?
-No, pero sí es esta calle. Métete la siguiente a la derecha y aparca.
El conductor del automóvil siguió las instrucciones y llegaron al lugar indicado.
-Está ahí, tiene la luz encendida.
Y en el momento indicado.
Los dos hombres se bajaron del Mercedes-Benz recién aparcado y cruzaron la calle en busca del bloque en el que vivía el capullo que iba a ser levemente ajusticiado. Al llegar, se encontraron con un problema que les costaría pocos segundos solucionar. La puerta que daba a la calle estaba cerrada.
- Oye, Corbata... ¿No crees que va a quedar un poco raro llamar y pedirle que nos abra la puerta?
En ese momento, la puerta se abrió. Una anciana, cargada con dos bolsas de basura, salía del edificio y saludó cortésmente a los dos hombres trajeados que entraban inmediatamente.
-Tío, Corbata. Una vieja desdentada tiene que chuparla que da gloria.
-Sí, vale. Eso de que no tengan dientes puede ser, pero tener eso entre las piernas... Dios.
-Bueno, siempre queda la opción de tirar de la nuca y estirar la piel de la cara. Luego, lo sujetas con una pinza, y listo. Por cierto, este es el piso. Atento.
Ding, dong. Un joven abre la puerta desganado, y observa a Corbata y Guante. «Hola». Corbata saluda, Guante a su manera, propinándole un puñetazo en la cara al joven propietario del apartamento. Se adelanta y arremete contra el hombre. Corbata se ajusta su corbata. Entra y cierra la puerta. Dentro, el joven se altera.
-¿Quién coño sois?
Guante agarra le agarra por el cuello y se presenta.
-Me llamo Zulo y hablando no podrás salvar tu culo.
-Perdón –se disculpó Corbata-, te entiendo. Es normal que uno se altere si un par de hombres trajeados irrumpen en tu casa. Hemos venido a tratar un tema delicado. Conoces a La mujer del nombre con seis letras, -¿verdad? -El hombre asiente-. ¿Qué supone para ti?
-Es mi novia...
-No amigo, no. No es tuya, ¿con qué derecho te ves a poseer una mujer? Es más, ¿con qué manos?
Guante se crujió los dedos y aguantó el brazo del joven. Con la otra mano, lo aguantó por la muñeca y comenzó a retorcérsela hasta que la palma de la mano y el antebrazo estuvieron en contacto. Luego, repitió el proceso con la otra mano. Terminó propinándole un puñetazo certero en el bazo.
-Uy... ¿Te hice daño? –El joven no respondió, sólo lloraba y sorbía los mocos-. Espero que no te vuelvas a acercar a ella.
-¿Sabes, Guante? No me fío. Seguro que se acerca.
Corbata dio una patada rápida en la rodilla del joven. Ésta se desplazó hacia atrás a la vez que crujía.
Guante se pone en cuclillas, saca un puro de su chaqueta y lo enciende. Entre calada y calada, le iba soltando el siguiente discurso al manirroto:
-Verás, chaval... Es que no, no se puede hacer lo que tú haces. Has molestado a mucha, mucha gente. Y entre esa gente estaba La mujer del nombre con seis letras. ¿Y qué pasa? Pues que al final, alguien que conoce a La mujer del nombre con seis letras nos manda aquí a hacerte esto. ¿Crees que nos gusta? Si crees que sí, crees bien, capullo.
Guante se levantó y pisó la otra rodilla del joven propietario del piso.
-Y que esto te sirva de lección.
Tras terminar de hablar, dejó caer todo su peso durante un par de segundos en la rodilla que estaba pisando, fragmentándola en varios pedazos.
-Vámonos, Guante. Aquí ya no queda nada que hacer.
-¿Te he dicho alguna vez que adoro este trabajo?
-Cada vez que montamos una buena. ¿Te hace una doble completa y unas alioli?

Con zapatos y corbata

Compartir sabanas con cualquier otra morena pensando que lo hago contigo.
No puedo girarme en la cama y querer, porque esto no es amor, sólo besos conversos, poesía efímera.
Mañanas de resaca y almohadas manchadas de carmín como castigo.

viernes, 16 de octubre de 2009

A ti

A ti, pueblo de mis virtudes, pueblo de mis amores, pueblo de miss dolores.Que por el día todos te quieren, empero al caer la noche todos marchan y nos quedamos a solas.A tus noches, que lloran por mí hasta el día en que aprenda.
A tu de la Frontera, porque la cruzo.
A ti, pueblo de mis defectos, pueblo de mis desamores, pueblo de miss dolores.Porque nada se compara a ti.

jueves, 15 de octubre de 2009

Granata minuta

La acompaño a casa. Abre la puerta y la despido.
-Te veo mañana.
-Sí, a ver si tomamos un café.
-Cuando quieras. Yo estoy siempre.

Hablamos hasta muy tarde.

Se rie.
-Al final no voy a tener nada que contarte en ese café que nos debemos.
La doy dos besos, aunque el segundo se resbala. La beso.

Nos besamos hasta muy tarde.

-Te diría que subieses, pero ya sabes que me jodieron.
Sonrio.
-No sé.
-Joder, las nueve. Me voy, creo.
La doy en último beso y... Y la beso en la frente. No sé porqué lo hago.
-Perdona. No sé porqué coño...
-No importa. A cada cual lo suyo. Ya se lo darás.
«No, ya no».

domingo, 11 de octubre de 2009

Partida de póker

- Lo veo. Sí, sois unos maricones, ¿A qué viene esa cara? Si acabas de soltar que ayer le comiste el cuello a un tío.
- Lo veo y subo tres más. "Ja, ja". He dicho que "le mordí el cuello", que es distinto. Vosotros los licántropos claro, como os los coméis enteros, hasta la polla...
- Yo me retiro. Eso, dejar un cadaver reconocible no es ser maricón. Además, ¿qué problema tienes tú con eso? ¿Y acaso tú haces selección cuando tienes hambre?
-Yo lo veo y subo dos más. Evidentemente, yo por lo menos no me voy a comer a un leproso, él no sé.
- Paso. Já, ¿quiénes son ahora los maricas?
- Lo veo. Y lo dice el que se retira, ¿no, chupasangres?
- All in. Pues yo sólo muerdo a hombres, y antes les empalmo para apartar sangre sucia.
- Me retiro.
- Me retiro.
- Me retiro.
- Me retiro.
- Me retiro.
- Me retiro. ¿Puedo saber qué tenías?
- Mejor cara que vosotros.

jueves, 8 de octubre de 2009

Escena II

Escenas publicadas de Resistencia
Escena I
Escena II
Escena III

Hacía un par de días que llegamos a la zona del núcleo encontrado, durante todo el recorrido veíamos lo que hace dos décadas fueran grandes ciudades repletas de vida, los edificios mostraban las vigas y partes metálicas y todos estaban recubiertos de una densa capa de vegetación, como si hubiesen sido cuerpos vivos descompuestos por gusanos que ahora se veían por su superficie. Los amasijos de hierros de vehículos estaban por doquier, muchas veces teníamos que volver sobre nuestros pasos por zonas demasiado densas tanto de escombros como de vegetación, una vegetación que ocultaba parcialmente el sol dejando una atmósfera aún más lóbrega.

Dani, uno de los exploradores mas avezados abría la marcha, tenia una manera de moverse por aquella zona que daba autentico terror, apenas hacia ruido cuando volvía de entre la espesura y aún era más silencioso cuando estaba visible entre los cazaverdes. Cuentan que fue capturado tras acabar con el resto de compañía con la que vivía y parcialmente criado por una pequeña tribu del enemigo. Que fue rescatado e instruido para la caza de quienes le arrebataron a su familia y trabajaba con dedicación para ello. Estos exploradores eran muy preciados pues presentían el peligro a veces minutos antes de que se produjera, y en la búsqueda de recursos y núcleos de abastecimiento eran expertos, sin embargo... se parecen mucho a ellos, por ello la gran mayoría los teme y odia por igual.
El grueso de los cazaverdes esperaban alguna señal o indicio del enemigo, yo por mi parte rogaba al cielo que no apareciesen por esta vez. Me acerque con sigilo hacia Dani, el cuál se percato de mi presencia y me saludo como oficial que era.
-Señor, dijo en voz baja. Por lo que puedo ver el rastro indica que no son muchos, quizás unos 6 u 8 individuos, pero es como si se dejasen rastrear.
-Lo se, es una trampa, por eso quiero que vayas directamente hacia el núcleo sin esperarnos, ve y averigua que hay allí y si hay vigilancia, nosotros haremos que los cazadores sean cazados esta vez.
- los hombres están inquietos, serán presa fácil de las armas de los moradores del bosque.
- Si, pero me ayudara en la función que deberán de interpretar. Vamos ve, de vuelta dirige te al refugio, pero no entres ve un kilómetro más al Este, cerca del gran Roble.
Tras las indicaciones observe como se perdía entre el desconcertante pero bello paisaje de una ciudad invadida por la naturaleza, los rayos de sol caían desigualmente debido a las copas de los arboles sobre escombros, tierra y asfalto por igual, en una mezcla de grises urbanos, terrizos y verdes de mil tonalidades.
Dividí el grupo en tres, los cazaverdes irían conmigo desplazándose en círculos cada vez mas amplios alrededor de dos grupos, silenciosos y atentos, mientras que uno de los grupos acamparia con normalidad, el otro haría el papel de expedición de reconocimiento. El equipo de estos dos equipos poco podían hacer contra el enemigo, pero sin embargo los cazaverdes y yo mismo teníamos las armas perfectas para dañarlos, las suyas mismas. Cubiertos por casacas, brazales, mallas y una especie de casco de un material que creemos que cultivan, ya que es vegetal, vivo y que se adapta al cuerpo de cualquiera, pero que necesita luz, por ello no tenemos mucho y es tan valioso.
La totalidad de nosotros, unos 8 cazaverdes portábamos unas especies de lanzas de color madera, que durante la lucha se suelen cerrar sobre nuestros puños, livianas y maleables por igual parecen modificar su composición en las puntas ya que a veces están tan afiladas que agujerean metal y otras parecen romas. Ni que decir que ninguno ha conseguido que sean tan mortíferas como el enemigo las hace.
Cuatro también están equipados con un escudo del mismo material que la lanza, igual de cambiante, igual de difícil de controlar excepto para el enemigo. Hay quienes afirman haber descargado fuego de artilleria sobre el enemigo y no haber causado baja debido a sus escudos.
Y yo porto una especie espada, con mango del mismo material que el escudo y la lanza, pero sin embargo la hoja es metálica, aunque claro esta no es un metal ordinario. Los científicos afirman que es de origen orgánico, pero que sabrán ellos, solo se que solo se deja manejar por unos cuantos, y al resto simplemente los corta.
A las horas de ir en círculos escuchamos el sonido de armas de fuego y supimos que era la hora, corrimos de vuelta al campamento desde donde se escuchaban los disparos y llegamos en unos minutos. Mientras el terror se adueñaba de mis compañeros yo solo podía apreciar lo bello de aquellas tonalidades rojizas sobre el verde gris del terreno...

martes, 6 de octubre de 2009

Escena I

Escenas publicadas de Resistencia
Escena I
Escena II
Escena III

Resistencia, así nos llaman, pero cada día caen diez de los nuestros por uno de los suyos. Resistencia... una guerra de guerrillas contra un enemigo superior, una lucha desesperada por sobrevivir.
Por el "Refugio" se respiraba, como siempre antes de una incursión un ambiente de impaciencia, los anuncios de muertes de compañeros siempre hacían que la mayoría de los nuestros clamasen por una incursión para vengarse.
"venganza... deberíamos de aprender de nuestros errores y no convertirlo en nuestro motivo personal para seguir haciéndolo mal. Pero necesitan apaciguar sus espíritu debido a las muertes... no había salida posible de este circulo, maldita sea!. Si al menos tuviese mas tiempo, si al menos encontrase la manera de contactar con ellos."
El sonido de las voces en la lejanía del refugio y el golpeteo continuo de las botas era lo único que escuchaba. El refugio era un "bunker" que se extendía por la ladera de una montaña, revestido por completo de un chapado de metal y con unos 40 habitáculos en los que vivían cerca de 100 personas, quitando las zonas dedicadas a plantaciones, a almacenamiento de víveres y agua y las habitaciones de mayor seguridad en las que se encontraban las armas y sus estancias.
Según se acercaba a la zona común veía de vez en cuando a compañeros supervivientes, Marcos lo saludo desde su puesto de guardia alzando su brazo, al que le faltaban 3 dedos, al menos no fueron el pulgar y el índice me decía autoconvenciendose.
- ¿Como se encuentra hoy Capitán? Es un magnifico día para ir de incursión, según me han contado ese chico, Ruben creo que se llama, ha encontrado un nuevo núcleo de abastecimiento del enemigo, seguro que encontramos armas, y posible mente encontremos prisioneros, han comentado que esta a unos 6 kilómetros de la salida del aguila.
" ¿Un nuevo núcleo tan cerca del refugio? Aquella era un regalo del cielo pero no era la manera de actuar de ellos, les gustaban los lugares boscosos y los pantanos, aunque tambien tomaron y se quedaron ciudades, pero las cubrieron de vegetación abundante. Seria sin duda una trampa para que salieran y los barrieran con algunos de sus trucos de magia, pero debía ir, debía saber si Nat estaba viva."
- Voy a que me den los detalles del hallazgo, tras eso anunciare mis ordenes.
- Entendido señor, no le entretengo más.
Me volví y comencé a andar, poniéndome la boina de comandante hacia el ruido.
"El caos" pensé.
- Por cierto Marcos... yo que tu me prepararía para partir.

viernes, 2 de octubre de 2009

Sistema de escenas

Puesto que tenemos un buen número de historias comenzadas he decido poner al principio de cada entrada todas las escenas anteriores. Por si alguien empieza ahora a leer una historia que no le resulte confuso ver tantas escenas, sí quiere leer una historia sólo ha de clickar en las escenas anteriores. Además de usar la etiqueta de la historia o ir a la barra lateral Historias. Toda comodidad es poca.