sábado, 17 de octubre de 2009

La mujer del nombre con seis letras


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-¿Sabes que hice anoche?
-¿Meterle un bate de béisbol a una pava por el culo?
-Puede ser –sonrió Corbata. Porqué le llaman Corbata es algo que cambia según quién lo pregunte, algunos lo ven tan simple como por el hecho de siempre llevar corbata. Pero los que le conocen saben el auténtico origen: colgó a un hombre de una lámpara por los genitales con una corbata-. El problema es que me he levantado con una resaca del 12, con una pota en el suelo, una raya en la mesilla y un plato de macarrones al lado.
-¿Alguna vez te dije que tu vida no era sana del todo?
-Haciendo lo que hacemos nada es del todo sano.
-Prefiero llevar esta vida insana a dejar de hacer lo que hago. En cierto modo, me divierte... Eso, y que no se hacer ninguna otra cosa.
-A todo esto, sigo sin entender porqué La mujer del nombre con seis letras quiere a este capullo.
-No es por dinero. Tampoco puede ser por belleza... El cabronazo tiene que tener un tranco más grande que el eje de este coche.
-¿Y para qué?, oí que no lo usa.
-Entonces vete a saber por qué lo quiere. Valiente imbécil...
-Guante, ¿es este el bloque?
-No, pero sí es esta calle. Métete la siguiente a la derecha y aparca.
El conductor del automóvil siguió las instrucciones y llegaron al lugar indicado.
-Está ahí, tiene la luz encendida.
Y en el momento indicado.
Los dos hombres se bajaron del Mercedes-Benz recién aparcado y cruzaron la calle en busca del bloque en el que vivía el capullo que iba a ser levemente ajusticiado. Al llegar, se encontraron con un problema que les costaría pocos segundos solucionar. La puerta que daba a la calle estaba cerrada.
- Oye, Corbata... ¿No crees que va a quedar un poco raro llamar y pedirle que nos abra la puerta?
En ese momento, la puerta se abrió. Una anciana, cargada con dos bolsas de basura, salía del edificio y saludó cortésmente a los dos hombres trajeados que entraban inmediatamente.
-Tío, Corbata. Una vieja desdentada tiene que chuparla que da gloria.
-Sí, vale. Eso de que no tengan dientes puede ser, pero tener eso entre las piernas... Dios.
-Bueno, siempre queda la opción de tirar de la nuca y estirar la piel de la cara. Luego, lo sujetas con una pinza, y listo. Por cierto, este es el piso. Atento.
Ding, dong. Un joven abre la puerta desganado, y observa a Corbata y Guante. «Hola». Corbata saluda, Guante a su manera, propinándole un puñetazo en la cara al joven propietario del apartamento. Se adelanta y arremete contra el hombre. Corbata se ajusta su corbata. Entra y cierra la puerta. Dentro, el joven se altera.
-¿Quién coño sois?
Guante agarra le agarra por el cuello y se presenta.
-Me llamo Zulo y hablando no podrás salvar tu culo.
-Perdón –se disculpó Corbata-, te entiendo. Es normal que uno se altere si un par de hombres trajeados irrumpen en tu casa. Hemos venido a tratar un tema delicado. Conoces a La mujer del nombre con seis letras, -¿verdad? -El hombre asiente-. ¿Qué supone para ti?
-Es mi novia...
-No amigo, no. No es tuya, ¿con qué derecho te ves a poseer una mujer? Es más, ¿con qué manos?
Guante se crujió los dedos y aguantó el brazo del joven. Con la otra mano, lo aguantó por la muñeca y comenzó a retorcérsela hasta que la palma de la mano y el antebrazo estuvieron en contacto. Luego, repitió el proceso con la otra mano. Terminó propinándole un puñetazo certero en el bazo.
-Uy... ¿Te hice daño? –El joven no respondió, sólo lloraba y sorbía los mocos-. Espero que no te vuelvas a acercar a ella.
-¿Sabes, Guante? No me fío. Seguro que se acerca.
Corbata dio una patada rápida en la rodilla del joven. Ésta se desplazó hacia atrás a la vez que crujía.
Guante se pone en cuclillas, saca un puro de su chaqueta y lo enciende. Entre calada y calada, le iba soltando el siguiente discurso al manirroto:
-Verás, chaval... Es que no, no se puede hacer lo que tú haces. Has molestado a mucha, mucha gente. Y entre esa gente estaba La mujer del nombre con seis letras. ¿Y qué pasa? Pues que al final, alguien que conoce a La mujer del nombre con seis letras nos manda aquí a hacerte esto. ¿Crees que nos gusta? Si crees que sí, crees bien, capullo.
Guante se levantó y pisó la otra rodilla del joven propietario del piso.
-Y que esto te sirva de lección.
Tras terminar de hablar, dejó caer todo su peso durante un par de segundos en la rodilla que estaba pisando, fragmentándola en varios pedazos.
-Vámonos, Guante. Aquí ya no queda nada que hacer.
-¿Te he dicho alguna vez que adoro este trabajo?
-Cada vez que montamos una buena. ¿Te hace una doble completa y unas alioli?

3 comentarios:

Guotefac dijo...

Este me mola bastante. Eso de meter alguna de las flipadas que hayamos dicho algún dia, +1

Doro dijo...

A raíz de un tema del que hablamos Oda y yo surgió este relato. Los diálogos son totalmente reales. =]

juan dijo...

es muy al estilo de tarantino