sábado, 14 de noviembre de 2009

Escena IX: Misterioso enemigo

Capítulo III

De como el Olvidado se apropió de la espada Estrenahjiq.

Cansado y claramente herido salió del templo junto a su nueva arma y la recompensa que era la victoria contra semejante coloso. Los pasos se le hacían una tortura al tiempo que su vista se comenzó a nublar, no había pensado en que sus heridas fueran tan graves, pero así era, había soportado muchos golpes antes de su victoria final, y era en ese momento cuando el dolor se hacía visible.
Incapaz de mantener por más tiempo el equilibrio cayó perdiendo la inconsciencia, afortunadamente la espada sirvió como impedimento ante su aparentemente inevitable final. Sin embargo, el arma no le salvaría por más tiempo, había vencido, pero su imprudencia le iba a costar caro, pues a sus siguientes pasos no habría ya nada que lograra impedir que cayera al suelo sin sentido.
Su aliento comenzó a desaparecer, en su cabeza escuchaba el latir del corazón cuyo sonido iba disminuyendo hasta casi desaparecer. Sin embargo se negaba a caer, no de esa forma, tras tanto tiempo de búsqueda había logrado hacerse con aquello que tanto tiempo había buscado, sin embargo no tenía fuerzas para mover el cuerpo.
-Patético -una voz masculina y joven le hizo volver a la realidad-.
Sacando fuerzas de flaqueza se levantó parcialmente para vislumbrar a aquel que le hablaba, se trataba de un chico joven de no más de veinte años de edad. En su torso portaba una delgada armadura de cuero tapada casi por completo por una capa de un marrón oscuro, desgastada por el paso del tiempo.
-Había escuchado que alguien se había acercado el templo -hizo una pausa en la que miró al moribundo con aire de desprecio- y resulta que solo es un idiota más.
No supo qué era lo que le llevó ha hacerlo, pero algo en su interior no paraba de avisarle del peligro, por lo que, como puso se levantó apretando el mango de la espada con fuerza.
-¿No querrás pelear contra mí en un estado tan precario como el tuyo? -preguntó el joven con aire intrigante-.
Ignorando sus palabras, el hombre de capa roja arremetió contra él poniendo toda su fuerza en el golpe, pero ya fuera por habilidad del enemigo o simple desgaste suyo, el joven esquivó el golpe con una facilidad asombrosa, y con la misma destreza le sacudió fuertemente con la rodilla una vez estuvo tras de él.
Su vista se volvía cada vez más borrosa, si quería vencer a ese nuevo enemigo tenía que pensar algo rápido, solo le quedaba una esperanza. Aprovecharía la arrogancia de su oponente con un golpe por sorpresa.
Ya lo había hecho otras veces, así que no le resultaría difícil realizarlo de nuevo. Y así fue, con un impresionante rugido la espada comenzó a alargarse de manera veloz, sin embargo, justo antes de rozar a su enemigo se detuvo, dando la sensación de que aquella arma tenía vida y no pretendía dañar a ese extraño joven.
-Es inútil -el misterioso joven sonrió satisfecho- puede que hayas conseguido la espada, pero aún te queda mucho para dominarla, sobretodo en presencia de su legítimo dueño.