viernes, 4 de diciembre de 2009

Escena XII: El acuerdo de la priva

-Así es. "Encontré" -el Viajero se molestó en dejar bien marcada esa palabra- esta página en Treasvigg. Me ayudó un antiguo amigo, pero desgraciadamente ya no se encuentra por esas tierras.
El asesino se quedó observando detenidamente el manuscrito. Indudablemente la grafía y la forma de escribir era idéntica a la de la mayoría de los textos que él había encontrado. Pero el lugar donde decía haberlo encontrado no le resultaba conocido.
-¿Que ciudad es Treasvigg?
-Compañero mío. Probablemente una de las ciudades más impresionantes que nuestra vista pueda apreciar. Se trata de una ciudad llenas de artistas y estudiosos marcados por la Guerra. Y es allí donde se encuentra la Academia de Alquimia. Y es en dicha Academia -el Viajero bajó la voz- donde encontré esta página.
Alrededor de los dos hombres corría el día a día de una taberna de baja clase. El griterío de una multitud agitada por los sucesos que recientemente habían acontecido en la villa enturbiaba todo, y hacía de la tasca el lugar perfecto para mantener una conversación de tal calibre.
-De todas formas. Aquí no dicen nada de Tulipán ni de los pétalos.
-Pero los pétalos ya los tenemos. Al menos en su mayoría. Y dado que Treasvigg fue la ciudad de residencia de Vale en la época de la que dicen fue creada Tulipán, creo que sería apropiado seguir investigando esa zona.
-Tú ya vienes de allí, ¿no?
El Viajero hizo una pausa antes de responder a tal pregunta.
-Debido a mi... "profesión"... no puedo permanecer mucho tiempo en la misma ciudad. Eso implica olvidarse del amor, de las amistades, de todo...
-¿Y acaso crees que me importa lo que hayas tenido que sacrificar? -El Viajero sonrió ante tal contestación- . Sólo quiero que me afirmes que puedes volver a dicha ciudad y que no tendremos problemas.
-¡Camarero! ¡Dos pintas más! Y con respecto a lo de volver a Treasvigg... Sí. No habrá ningún problema en volver. Aunque más me vale no repetir mi hazaña de la última vez.
Una joven se acercó a la mesa y depositó las dos jarras en la mesa de los hablantes, no sin antes guiñarle un ojo al hombre de los sueños. Este hizo un simple truco con la pólvora, que culminó con una caricia en su nalga. Luego, cogió la jarra y se dispuso a beber, viendo interrumpida su acción por una pregunta de su interlocutor.
-¿Cómo te manejas con la espada?
-No demasiado mal. Aunque creo que no estoy a tu nivel.
-Suficiente. Partiremos mañana al alba.
El asesino dejó sobre la mesa el dinero correspondiente a su parte y abandonó la tasca. Su sitio en la mesa fue ocupado por la joven camarera, que fijaba su mirada en la del Viajero, que no paraba de sonreír.
-Ya creí que no volverías nunca.

2 comentarios:

Doro dijo...

Por fin avanza la historia primigenia. Esecena XIII: Camino a Treasvigg. Suena de fondo música de intriga. juju

Guotefac dijo...

Puntazo de frase final xDD