lunes, 18 de enero de 2010

Escena XVI: Protectores


Los dos hombres seguían andando por el camino que les llevaría a su destino. El de pelo blanco miraba a un gorrión macho perseguir a la hembra, que se perdía entre los árboles, y sonreía para sí. El de negro clavaba su vista en algún punto en el horizonte, hasta que sin mediar palabra salió corriendo fuera del camino, asustando a su compañero.

- ¿Qué diablos te pasa?
Pero el asesino corría ya entre los árboles, y el Viajero decidió seguirle. Cuando por fin alcanzó a ver la espalda del asesino, éste no paraba de correr de un árbol a otro, agachándose o saltando, y el Viajero sintió cómo algo silbaba en su oído y le hacía un corte en la mejilla, de modo que también se protegió tras uno. Desenvainó y observó alrededor. Se aseguró de que nada acechara a sus espaldas, tragó saliva y salió de detrás del árbol. Para entonces, el asesino cruzaba aceros con una figura con capucha morada, de su misma estatura, complexión, y habilidad. El viajero se acercó para atacar, pero un grito del asesino le advirtió. Sólo molestaría.

Las estocadas y bloqueos se producían a una velocidad asombrosa. En el mismo instante que las espadas chocaban ya había empezado el siguiente ataque, y para los combatientes el resto del mundo había dejado de existir, pues ambos sabían que necesitarían de toda su concentración para salir victoriosos. O, al menos, así hubiera sido si el Viajero no le hubiera puesto la zancadilla al encapuchado en un instante dado, desequilibrándolo lo suficiente como para que el asesino le sesgara el cuello y diera por finalizado el combate.

- Veamos quién o qué rayos eras – dijo éste, despojando de la capucha al cadáver. – ¡Demonio, si es un mocoso!
- ¡Mirad su pecho! – dijo el Viajero señalando una especie de cuadrado dorado que lucía en las vestiduras del atacante - ¡Mirad! – Sacó con cuidado la página del diario de Vale, en cuya esquina estaba dibujado el mismo símbolo.
El asesino no pudo reprimir una sonrisa.
- Cuando los hombres entran en contacto con algo que su pobre mente no sabe entender, siempre surgen entre ellos unos fanáticos que ataquen a todo aquel que pueda sacarles de su error. No os equivocabais, Viajero. Nos acercamos a Tulipán.

- Lo último que necesitamos es una secta tras nuestros pasos. Si él nos ha atacado, no podemos estar muy lejos del resto. No deberíais haberle matado - dijo el Viajero mientras investigaba el cadáver - Y además... ¡Vaya! ¿Qué es esto? ¿Una llave?

1 comentario:

Río dijo...

Bien, parece que la historia fluye.