jueves, 28 de abril de 2011

Murió entre necios.

-Y aun hoy recuerdo la escenita que se montó en la muerte del señor Salazar. Tú, hija mía, no llegaste a conocerlo, pero habrás oído hablar de él. Después de la Guerra, el señor Salazar, afín al movimiento Nacional, se cargó, con el apoyo de nuestras queridas fuerzas de seguridad, a prácticamente todos los terratenientes (que no trabajadores del campo) de esta, nuestra ciudad. Pero el tiempo pone a cada uno en su lugar y, años más tarde, el señor Miguel Alfonso de Todos los Santos Salazar Martínez enfermaría gravemente.
Recuerdo estar en su casa, hace veinte años. Allí se había reunido toda su prole. En total, cinco hijos y cuatro hijas. Y allí estaban todos, peleando a gritos mientras su "pobre" padre se moría postrado en un camastro. En especial, los dos mayores, Miguel y Antonio, estaban enzarzados en la pelea más cruenta que he visto en mi vida. Los demás clamaban a pulmón abierto cada uno su visión de las cosas. Eso sí, todos coincidían en lo mismo: querían el total de la herencia para cada uno. ¡No había sitio para compartir!
Y yo allí, procurando que las últimas horas del señor Salazar fueran más llevaderas. Aunque he de decir que tampoco es que me esforzase mucho. Simulé no tener calmantes, aunque también es cierto que el viejo no quería que le inyectasen nada. Total, que entre gritos y puñetazos, el señor Salazar entró en una especie de crisis. Comenzó a gritar (aunque nadie lo escucho). Le dio un ataque de tos y empezó a vomitar sangre (aunque nadie se fijó en él). Reventó. Y con esto quiero decir que empezó a soltar por el culo pus, mierda y todo tipo de fluidos pestilentes. Y entonces, sus hijos, sin dejar de discutir, abandonaron la sala.
Como moraleja de este relato, hija mía, te pretendo enseñar dos cosas: la vida de un doctor es jodida. Habitualmente tienes que tratar a autenticos villanos, como lo fue en su día el señor Salazar. Y, por otra parte, es desagradable. Recuerdo que llegué a casa con el traje manchado de mierda y mil secreciones más. Espero que se te hayan quitado las ganas de estudiar medicina.
-Pero, papá, si yo lo que quería era ser médico para diagnosticar a la gente cosas que no tenía... ya sabes, por joder...
-¡Entonces si, mujer! Seguro que en la Seguridad Social te hacen un hueco.