viernes, 20 de mayo de 2011

Escena XIX: Fuerzas de corrupción.

Gotas de sudor del tamaño de dientes brotaban de su frente. A sus espaldas, dos hombres permanecían en pie. Firmes. Como esperando.
- Os he dicho ya que no lo tengo.
Se secó la frente con su pañuelo de seda y se notó las manos temblorosas. Los dos hombres lo sabían. Tenían que saberlo.
- Esa no es excusa, señor duVilage. Los Cuatro no se verán nada contentos con esta respuesta.
El señor duVilage se giró irritado.
- ¡Os digo que no ha sido culpa mía! ¡Me lo robaron!
- No debió dejar que eso pasara. Bien sabía vuesa merced que un objeto de tal envergadura debe defenderse con la propia vida, como muchos otros han hecho.
De repente, su sudor se cortó. Un escalofrío recorrió su columna. Esperaba esa respuesta, pero no tan temprano.
- ¡No! ¡Dadme otro día!
El hombre que había permanecido callado, se dignó a hablar.
- Ya te hemos dado demasiados, Marcel.

* * * * *

- ¿Y cómo pretendes empezar, Viajero?
La plaza de la Torre estaba a reventar. El mercado, como siempre, estaba abarrotado de diferentes lugareños. No era difícil encontrar a cualquiera de la ciudad allí abajo. Desde la moza más "alegre", hasta el viejo que estaba a punto de morir. Pasando, por supuesto, entre guardias y ladrones.
- ¿Empezar? No haremos nada. Quedarse parado y esperar que la vida se solucione sola es mi mejor y único plan en este momento.
- ¿Qué decís? ¡Valiente desfachatez! ¡Ahora mismo ni siquiera sabemos si nos están siguiendo, y luego está ese tema con el dueño de esta villa, que podría estar...!
El discurso del Buscador se vio interrumpido por los acontecimientos. Toda la plaza se paralizó y pudo ver como desde la Torre caía la sebosa, amorfa y vieja persona del señor Marcel duVilage que, como era de esperar, se estrelló contra el suelo de la plaza del mercado, llenando de tripas y sangre a varios viandantes.
Y así, de pronto, una alegre mañana se convirtió en caos. Las mismas gentes, los mismos movimientos, el mismo caos, pero con un ingrediente añadido: pánico. Ni siquiera la guardia de Villatorres supo qué hacer.
- De acuerdo, Viajero. He de admitir que teníais toda la razón del mundo.
- Y ahora, Buscador, es cuando tengo un plan. Necesitamos hacernos con el cuerpo. ¿Y quien mejor que alguien como yo, que "busca en el mundo onírico", para investigar? Dejadme actuar un poco. No os separéis demasiado y mantened la mano en la empuñadura. Puede que haya más problemas.

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