lunes, 13 de junio de 2011

Escena XX: Un paso más cerca.

- ¡Tú! Yo... él... ¡Yo te conozco! ¡¡Eh, escuchadme!! ¡Este hombre habla con los muertos! ¡Lo hizo con mi pobre hermano y gracias a él encontramos a su asesino! ¡Dejadle pasar y que haga su trabajo! Señora duVilage, no desconfíe, se lo digo yo que buena cosa es este brujo.

Tras pedir silencio, el Viajero Onirico empezó su ritual. Con la cabeza del señor duVilage entre sus rodillas, cogió una pizca del polvo rojo que llevaba en uno de los bolsillos del cinturón y lo esparció por la frente del muerto. Cruzó las manos como cuando se quiere proyectar la imagen de una paloma utilizando sombras, y las apoyó sobre el polvo, con las palmas hacia arriba. Tras un momento inmóvil, el estafador empezó a mover la cabeza como las gallinas, simulando un trance:

- Veo varias figuras de pie ante él, pero... está todo tan borroso... Siento ser tan poco concreto, mi señora. La muerte debió de sorprenderlo y su espíritu es caótico.
- El cobre fortalece la presencia de los espíritus, señora. - Dijo el hombre que había reconocido al Viajero. - He estudiado al respecto.

Tras sentir el peso de las monedas cayendo en sus manos, el estafador continuó:

- No puedo ver sus caras. No se puede, pues llevan capuchas, pero el señor los conocía. Hablan de... - Exageró un movimiento de cabeza, como si hubiera recibido un puñetazo en la mandíbula - ... Una hermandad. Dicen algo acerca de una... ¿Flor?
- ¡Lo sabía! ¡Le dije que se alejara de esa gente! - La esposa del señor duVilage había ido torciendo el gesto a medida que el Viajero hablaba, y finalmente estalló. - ¡Dígame todo lo que sepa! ¡Venga ahora mismo a mi casa!
- Pero, mi señora, necesito el cuerpo tal y como se encontró o ni todo el oro del mundo me permitirá ver nada - Respondio rápidamente el Viajero, mientras pensaba "Sí hombre. No tengo intención de que nadie me mate por saber demasiado. Suficiente puedo sacar de sus lloros, milady."
- Entonces, que se alejen todos. ¡Guardias, formad un círculo! Y tú, habla bajito.

El Viajero asintió, aspiró con fuerza y cerró los ojos.

* * * * *

- Se reúnen cada 7 semanas. - Dijo el estafador al terminar su cerveza. - No sé por qué diablos, algo de una rotación o "algo así" que decía la señora, a duVilage le tocaba guardar una llave, aunque según ella, él la llamaba sello. Al parecer es una de cuatro llaves necesarias para abrir, y cito textualmente, "no sé qué puerta o no sé que cofre". En cualquier caso, se la robaron y han debido castigarle por ello.
- Los espíritus me dicen que han resuelto el acertijo del paradero de la condenada llave. - dijo Buscador moviendo los dedos de ambas manos y mirando el cinturón del Viajero.
- Ríete lo que quieras de mi trabajo, emplumado, pero has de reconocer que da sus frutos. Por lo pronto esta hermosa y tintineante bolsita, gracias a cuyo contenido estáis bebiendo cerveza y no agua. Y sí, yo también lo creo. - Replicó mientras levantaba la cabeza y dejaba de susurrar por un instante. - Diablos, estamos cerca. Tenemos un disfraz, la llave, y sé cuándo se reunieron por última vez, aunque no dónde y la tercera jarra me está impidiendo pensar con claridad. Admito que no sé por dónde seguir.
Buscador rió, y el Viajero pensó que se lo había imaginado, pues al instante la cara del asesino era tan oscura como siempre.
- En la mesa que hay frente a la puerta hay dos hombres que llevan siguiéndonos desde la plaza. Salieron de un callejón junto a la casa del muerto y no te han quitado ojo de encima desde entonces. Dices que no sabes de dónde sacar la información que nos falta. Bien. Es mi turno de actuar. No os separéis demasiado y mantened la mano en el dinero. Puede que haya más problemas.

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