domingo, 18 de enero de 2015

Dos batallas.

Primera. Era todo fuego y pasión. Las emociones se quemaban dando de sus cenizas el nacimiento de emociones nuevas que surgían de la nada, sin que nadie más hubiese podido siquiera imaginarlas. Cada golpe, una victoria. Cada paso, más gloria. Todo parecía obedecer las órdenes de un destino manifiesto que garantizaba el surgir de una leyenda y largos años de prosperidad. Se podían oír los gritos de júbilo. Todo estaba dispuesto para ganar, y se oían gritos de júbilo a cada segundo, augurando una mejor vida que lejos estaba de llevarse a cabo.
Fueron Orgullo, Egoísmo y Ambición los tres pobres diablos que lo echaron todo a perder, convirtiendo una batalla ya ganada en la peor de las derrotas. Las banderas cayeron, los cánticos cesaron. Donde antes sólo hubo gloria y victoria ahora solo había nada. Una nada que engulle todos los objetivos que algunos hombres justos juraron como suyos cuando en realidad nunca podrán ser de nadie. Y, después, olvido. Los daños fueron irreparables y duraderos. Toda una esencia que, en su herida, parecía pérdida para siempre.

Segunda. Las heridas aun no han sanado, pero la obligación no tiene en cuenta el estado de sus subordinados. Ante tal situación,  eligiendo entre levantarse o morir, han sido también Orgullo, Egoísmo y Ambición los primeros en levantarse. Y en su alzamiento han arrastrado consigo a todos los demás. Esta ve, para luchar contra un enemigo que, si bien no es el mismo, parece actuar y suponer las mismas cosas. La victoria está abrazarla. La gloria esta ahí para tomarla. Pero todos son conscientes de que primero deben seguir luchando. Y luchando siguen, evitando los errores del pasado y cometiendo errores nuevos.
Esta batalla no ha terminado. Ni lo hará pronto. Pero al menos las tropas saben que fueron ellos los que perdieron a Primera. Quizás pierdan la batalla por Segunda, pero no caerán ante los pecados del pasado. No volverán a ser heridos de gravedad.

No hay comentarios: